CAPITULO
#31 PARTE 2 “MIRAME”
-Cherie,
¿puedo hablarte un segundo en privado?- susurró Ricky.
-claro.
Me tomó de la mano y me guió hasta
las bancas que estaban del otro lado del lago artificial. Al sentarnos él
parecía nervioso.
-¿sucede
algo malo?- interrogué.
-no,
para nada- suspiró- sucede que… me gustas y… no quería irme sin decírtelo-
hablaba pausadamente como para que yo comprendiera a la primera y no tener que
repetirlo- me encantaría que me concedieras un deseo- prosiguió.
-¿cuál?
-que
me dejes darte un beso.
Su petición me asombró mucho, pero
era Ricky Meléndez, un chico divino y encantador que además de cautivarme con
su voz se había robado mi corazón en esos días, así que hipnotizada por sus
bellos ojos de color, automáticamente asentí a su petición con la cabeza.
Conforme él se acercaba a mi rostro,
yo iba cerrando los ojos, esperando sentir sus labios en mi mejilla, pero en
lugar de eso, uní mis labios con los de él en un tierno y delicado beso.
Sentí que mi corazón corría una
maratón de la mano del corazón de Ricky.
Cuando nos separamos, yo estaba
fascinada con el hecho en sí, nunca me lo hubiera imaginado.
-perdóname,
me deje llevar- se disculpó con las mejillas encendidas.
-supongo
que no hay problema- “¿qué no hay
problema? En qué consistía esa respuesta”.
-¡Ricky!-
la voz de Carlos interrumpió mi
pensamiento al llamarlo a él: Edgardo salía de la Dirección.
Volvimos a reunirnos con los demás.
-les
comunico que hubo cambios de habitaciones- Edgardo miraba una lista que tenía
en las manos y empezó a recitar-: en la 825 están Nefty, Oscar, Kiky, Rubén,
Walter y Argenis; en la 822 estarán René, Raymond, Ray, Roy, Gabriel y Will; en
la 826b quedan Robbie, Sergio, Charlie, Ralphy, Winston y Enrique… ¿entendido?
-si-
respondieron ellos con desanimo.
-vale,
suban sus maletas chicos.
Esta vez Edgardo llegó en una
camioneta negra grande y bonita. Los chicos portaron el equipaje en el auto y
se despidieron del resto.
-no
conseguimos las huellas- susurró Adri a mi oído.
-ni
modo nos basaremos con las que tenemos.
Sin más preámbulos, la camioneta
arrancó y salió del campus dejando atrás unos cuantos corazones rotos.

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