-¡Qué emoción! Todas cumpliremos
meses de tener novio al mismo tiempo- celebró Luisa cuando terminó de relatar
cómo Raymond le había declarado su amor.
-sí,
eso parece- dijo Cinthia recordando a su querido Ralphy.
-esperen
un minuto- interrumpió Adri, quien después de todo había quedado con Walter- la
que se sospechó que llegaría con novio no ha dicho nada.
Todas estábamos reunidas en la sala
de la villa 827; yo estaba sentada en la mesita que se hallaba debajo de la
ventana, abrazando mis piernas, recargada en el cristal viendo el sol ponerse.
-¡Hey!
Cherie despierta- Raquel tronó los dedos delante de mi nariz y yo di un
respingón.
-¿qué
pasó con Kiki?- urgió Naye.
-pues
él… se me declaró.
Todas festejaron: “lo sabía”, “te lo dije”, “gané la apuesta”, decían entre
ellas.
-¿Qué
le dijiste Cherie?- Vicky me conocía bastante y notó que algo andaba mal.
Las demás callaron y cambiaron su
expresión de alegría a preocupación.
-¿lo
rechazaste?- sospechó Isela.
-no,
yo… le dije que lo pensaría.
-¿y
qué tienes que pensar?- rezongó BB.
-dudas
por mi hermano ¿cierto?- mencionó Naye.
Me miraron preocupadas mientras
asentía con la cabeza.
-sí,
pero ya tomé una decisión, haré mi vida aparte como el hizo la suya- repuso con
firmeza, aunque con lágrimas en los ojos.
-¿qué
quieres decir?
-Naye, vi a tu hermano besarse con Stefy-
sollocé.
-¡Cherie!
Me asustaste, ¿qué haces aquí?
Al día siguiente antes de que todos se
levantarán, salí de la villa hacia uno de mis escondites favoritos: el taller
de mecánica, pero había olvidado que René guardó su moto ahí.
-vine
a robar tu moto- bromé y él se rió.
-todos
te están buscando, Kiki anda como loco, quiere hablar contigo.
-sí,
eso supuse… René tú, ¿crees en el destino? ¿Crees que cuando se cierra una
puerta debes tomar otra que te fue abierta, o debes intentar abrirla de nuevo?
-pues
creo que si ya intentaste por mucho tiempo mantenerla abierta y por fin se
cerró, debes tomar otra puerta.
Di
un profundo suspiro.
-podrías
decirle a Kiki que lo espero aquí, pero solo a él ¿Vale?
-sí,
está bien.
Cando René salí del taller se me
ocurrió algo.
-oye
René- él se dio la vuelta para mirarme- ¿me prestarías tu moto?
-¿sabes
conducir?
-por
supuesto- mentí.
Él volvió a reír y me arrojó las
llaves.
-con
cuidado ¿sí?

No hay comentarios:
Publicar un comentario